jueves, 12 de junio de 2008

El plan


La plaza es amplia, ocupa cuatro manzanas, tiene caminos perfectamente arreglados y prolijos en su interior, por los cuales se puede recorrer completamente. Todas las manzanas se encuentran repletas de árboles añejos, cada cuatro metros hay bancos de madera barnizada y hierro forjado perfectamente cuidados. Todo es armónico y tranquilo.
En el centro del parque hay un monumento del prócer que le da el nombre al parque, el General San Martín. Hace más de medio siglo que la plaza se encuentra allí, delimitada por las calles Jujuy, Rivadavia, Salta y Mitre. Sin embargo, hace un año fue totalmente reconstruida, se colocaron nuevos y más cestos de basura, bancos y nuevos juegos para los niños. Todo tiene un aspecto campestre, los juegos están hechos con troncos de madera, al igual que los cestos y los bancos.
En la esquina donde se cruzan la Av Rivadavia y Salta hay un banco, clásico para Víctor, siempre que va al parque se sienta allí. Ese día Víctor estaba viendo a los niños jugar, con un cigarrillo entre sus dedos y echando bocanadas de humo por su boca, cuando repentinamente fue sorprendido por un hombre, de aspecto prolijo, alto y muy bien vestido.
- Disculpe, ¿Usted es el Sr. Elisaldo?
- Si, soy yo, ¿Con quién tengo el gusto?
- Bueno, mi nombre es Manuel Lebinson. Trabajo para los servicios secretos.
- Los servicios secretos no existen, dejaron de existir una vez terminada la segunda guerra mundial.
- Sí, eso es lo que le hicieron creer a toda la sociedad, pero en realidad hemos estado trabajando en secreto desde ese momento.
- No puedo creerlo, nos han estado mintiendo desde ese entonces, ¡Que vergüenza!
- Nuestro estado es de absoluta reserva y secreto, se imagina que si usted develará el secreto, bueno… no viviría… Pero, ese no es el motivo de mi visita. He venido p0orque el gobierno necesita de su colaboración.
- Mi colaboración, pero si yo no se hacer nada
- Si que sabe, sabemos que es un experto en cazar y matar animales, es sumamente necesario que colabore.
- Pero ¿Por qué?
- Bueno, el motivo es que hay que desbaratar el plan, antes de que se lleve a cabo, y usted señor, esta en peligro.
- Pero ¿Qué plan? ¿Cómo en peligro?
- Por el momento no es conveniente que se entere, podría ser muy peligroso.
- Peligroso, pero si no me lo dicen, no colaboro
- Señor, usted está obligado a colaborar, si no lo hace, podrían matarlo.
- En ese caso, ¿Qué es lo que debo hacer?
- En principio, matar a su vecino, el señor Pérez.
- ¡Pero como!, ¿Cómo matar a mi vecino? Si es un hombre muy amable, lo conozco hace años, no es capaz ni de matar a una mosca.
- Pues tendrá que hacerlo, forma parte del plan, además… si no lo hace, él podría matarlo a usted.
- ¡Cómo!
- O a su familia
-Pero ¿Por qué?
- Ya le dije, es parte del plan.
- Pero, yo nunca he matado a ninguna persona
- Pues tendrá que hacerlo, es usted o él.
- Bien, lo haré. Todo sea por proteger a mi familia… Dígame cómo y cuándo.
- Así me gusta, colabore. Tendrá que ser cauteloso, invéntese algo para ir a su casa, lo que sea, él lo invitará con gusto; porque justamente él verá la oportunidad de asesinarlo a usted. Entonces deberá envenenarlo con esto (Saca un frasco chico y oscuro de su bolsillo y se lo entrega), con este veneno morirá al cabo de diez segundos.
- No creo que sea capaz de tanto.
- Entonces no lo haga, creo que me equivoque de persona, además es un cobarde. De seguro para hoy a la noche usted ya estará muerto. Ahora disculpe las molestias ocasionadas, me retiro, pero recuerde que usted nunca me ha visto.
Se da vuelta y se dirige hacia el lado por donde vino, cuando ya estaba a varios metros de distancia, escucha la voz de un hombre que lo llama, es Víctor, se da vuelta y vuelve sus pasos hacia el hombre
- Espere señor… esta bien lo haré
- Así me gusta, mi compañero de aventuras, así me gusta. Esto tendrá que ser hoy a la noche, no podemos perder tiempo. No podemos dejar que el enemigo avance.
-Hoy a la noche será entonces.

Días más tarde Víctor se encuentra nuevamente en aquel parque, compañero de tantas aventuras y testigo de su primer beso con su mujer o de sus primeros pasos de su pequeño. Ese día estaba más impaciente de lo habitual, como esperando a alguien
-Al fin llega, ya me estaba poniendo nervioso.
- Tranquilo, no hay nada de que temer, nuestro primer enemigo ha caído en el campo de batalla, hemos conseguido nuestra primera victoria, sin embargo, la guerra no está ganada, hay muchos que eliminar antes de que eso suceda.
- Si usted lo dice.
- Pues bien, nuestro segundo enemigo es el cartero
- ¿Y el cartero porqué?
- Ay, todo tengo que explicarle, el cartero es parte del plan. Además no se ha fijado como lo mira, con odio, con recelo.
- La verdad, no lo había notado, pero ahora que usted lo dice es verdad, siempre me tira las cartas en el barro, todas llenas de barro me las deja, es un maldito.
- Pues eso lo hace para disgustarlo, porque lo odia, y usted debe sentir lo mismo por él.
- Bien lo haré, ya me esta empezando a gustar esto de matar por sobrevivir. Al fin y al cabo es la victoria del más fuerte.
- Mejor así, mejor así, mi querido amigo. Así cada vez le costará menos hacerlo.

Luego de varios encuentros con su cómplice, Víctor decidió no continuar con ese juego, se sentía culpable y estaba dispuesto a no continuar haciéndolo. Ese día se dirigió al parque dispuesto a terminar con todo eso. Al llegar allí parecía disgustado como no queriendo estar allí, como no queriendo encontrarse con nadie, parecía muy enojado, todo le molestaba, cuando de pronto vio acercarse una figura humana que se dirigía hacia él, una sombra alta y esbelta, cuando esta figura estaba cerca lo distinguió al instante y supo que era él nuevamente.
- Hey amigo
- Yo no soy su amigo.
- Bueno lo que diga, ¿listo para otra misión?
- Ya no quiero hacerlo
- ¿Cómo?
- Que ya no quiero hacerlo
- Pero usted que se cree, que esto es un juego, que se puede retirar así como así. Usted no se puede ir
- Pues búsquese a otro, porque yo ya no quiero seguir con esto. Once personas he asesinado, once.
- No eran personas, eran enemigos, y si usted no los mataba, ellos iban a matarlo.
- Pues no me interesa, ya no quiero hacerlo
- Pues tendrá que cumplir con su tarea, o tendré que hacerlo yo y luego matarlo a usted.
- Pues máteme, no me interesa
- No creo que sea conciente de lo que dice
- ¿Porqué dice eso?
Manuel saca una fotografía y se la enseña. Víctor se empalidece, queda por unos segundos estupefacto.
- ¿Y bien, qué le parece?
- No puede ser, usted no puede hacerlo
- Sí que puedo hacerlo, y lo haré si es necesario. A menos que lo haga usted mismo.
- No puedo, no puedo.
- Si que lo hará (Saca un arma de su bolsillo y se la apoya en la cabeza a Víctor)
- Máteme, no me interesa.
- Despreocúpese, primero los mataré a ellos, y luego lo mataré a usted.
- No eso si que no
- Sí, muero de ganas por verle la cara al pequeño Martín y a la pequeña Elizabeth. Pero más me gustará ver a su querida mujer Pamela, rogando por piedad.
- No, no lo hará.
- Oh, si que lo haré
- No, por favor (rompiéndose en llanto)
- Pero usted no comprende señor, ellos forman parte del plan, lo mataran. Ellos realmente no lo quieren, lo asesinaran, se lo aseguro y de la peor manera, y cuando eso suceda, cinco segundos antes de morir, cuando ya sea inevitable su muerte, se acordará de mi, y se arrepentirá de haberme desafiado. Yo no haré nada en su contra, yo estoy de su lado.
- Pero ellos son mi familia
- Ese es su error señor, ellos no son su familia.
- ¿Pero que me dice?
- No, no lo son, sus hijos y su mujer están muertos, hace mucho, ellos, los de ahora, son unos impostores y han matado a sus hijos y a su mujer, a toda costa quieren llevar a cabo el plan. Debe hacerlo, debe matarlos, o ellos lo mataran a usted.
- No, no puede ser cierto
Manuel:-pues lo es

Aun habiendo pasado muchos años Víctor nunca pudo limpiar su conciencia y tampoco pudo deshacerse de su “amigo, aquel que había conocido tiempo atrás en aquel parque.
Esta vez el escenario de encuentro había cambiado, ya no era el parque, difícilmente pudiera volver al parque, pero aún asi no se había podido desprender de su “nuevo amigo”.
Víctor se encontraba en una habitación forrada de paredes acolchonadas blancas, al igual que el piso, llevaba puesto un chaleco de fuerza, estaba muy desmejorado, tirado en el piso con las rodillas flexionadas y su cabeza apoyada en las mismas. Sobre su izquierda estaba Manuel que parecía querer consolarlo en vano.
- (en llanto) No debí hacerlo, no debí
- Señor, era usted o ellos, no hay otro secreto
- Sí, pero igualmente, esas dos criaturas, hijos o no míos, los mate, pobrecitos
- Bueno, lo hecho, hecho está. No se lamente que no sirve de nada. Por otro lado, lo felicito, la misión a concluido. Ahora sí podrá ser libre… Pero hombre no se preocupe tanto (Manuel se sienta a su lado)
Fuera de la habitación hay dos personas que lo observan, vestidos con guardapolvos blancos, parecen estar analizándolo, y tratando de entenderlo, sin embargo sus rostros desencajados parecen no encontrar una repuesta clara de lo ocurrido con el paciente, hablan entre ellos para ver si así logran entender un poco más la patología
- Míralo ahí, solo, llorando, estará tratando de lavar sus crímenes
- No lo sé, igualmente será difícil, quitar esa mancha.
- y que te parece, catorce personas asesinadas de la peor manera por él. Como para que no llore.
- Inimputable lo declararon.
- ¿Qué lo habrá llevado a cometer todos esos crímenes?, ¿Porqué cree que pudo haber matado a todas esas personas, incluyendo a su familia?
- Realmente, no lo sé.
Noelia Santolini

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